Introducción

Maria Rosso, Rafael Bonilla Cerezo

Resumen


“Del humorismo se ha hablado tanto, que es ya hasta cursi el saber lo que es. Pero el no saberlo es mucho más cursi”. Así enderezaba Clarín –en el Almanaque de Madrid cómico, 1890– sus pullas contra los humoristas mediocres. En tiempos bastante más recientes, Fernando Iwasaki denunciaba que “el humor en lengua española –a pesar de Cervantes y Borges– [tiene] muy mala prensa, pues innúmeros editores, críticos y lectores confunden la ironía con el chiste y la paradoja con la mala leche” (Iwasaki 2013). Más allá de los macroscópicos errores debidos a la ignorancia, una cierta imprecisión terminológica puede derivarse, al menos en parte, de las características de un fenómeno de veras complejo, que se vale de recursos heterogéneos, acudiendo a menudo a la frecuente contaminación de estrategias utilizadas también en otros registros discursivos.

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DOI: http://dx.doi.org/10.14672/9.2017.1205

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